domingo, 9 de febrero de 2025

Tú también puedes ser un ser despreciable

La gente en general no es buena o mala del todo: cada uno intenta conciliar como puede sus instintos egoístas con sus instintos altruistas, intenta sobrevivir y mejorar al tiempo que también se preocupa por la propia tribu y mira con recelo a las otras tribus. En general no somos santos, pero tampoco verdugos.

Pero los capitales no son personas. En los grandes capitales no se da ese equilibrio entre las fuerzas opuestas del egoísmo y el altruismo. Los grandes capitales solo se rigen por un impulso, que es el de crecer sin límite. Y para conseguirlo hacen lo que sea. Una de las cosas que hacen es comprar medios de comunicación con los cuales manipular a la gente avivando sus miedos, sus prejuicios y sus fobias mediante mentiras.

Si uno escucha en la radio a políticos y tertulianos hablar de la ola de conservadurismo que asola el mundo occidental puede pensar que la gente se está volviendo espontáneamente de extrema derecha, pero no es cierto: la gente, en general, no es tan despreciable. La mayoría que voto a Hitler no era nazi: simplemente fue engañada por un extraordinario aparato de propaganda. Hoy vivimos una ola de conservadurismo extremo que es real, pero lejos de ser espontánea está provocada y dirigida por unos medios de comunicación que, en su mayoría, están en manos de esos grandes capitales a los que tu tribu o la mía les importa una mierda porque lo único que quieren, insisto, es crecer.

No, la mayoría no somos seres despreciables, pero lo podemos ser: basta un poquito de desinformación.

jueves, 6 de febrero de 2025

Mientras no venga a por nosotros…

Trump ha hablado de comprar Groenlandia; de incorporar Canadá como un estado más de los EE. UU.; de recuperar el canal de Panamá. Ahora dice que quiere ocupar la Franja de Gaza, expulsar a los palestinos y convertir aquello en la “Riviera de Oriente Medio”.

Lo más preocupante es que no descarta utilizar la fuerza para llevar a cabo sus planes. A fin de cuentas, su pensamiento es sencillo: tengo las bombas, así que hago lo que me sale de los cojones.

No hay que engañarse: los EE. UU. siempre han sido imperialistas. Lo que ahora cambia es la forma de controlar el imperio. Hasta ahora lo hacían con la CIA y el FMI, derrocando gobiernos y controlando las finanzas. Ahora Trump, incapaz de tanta sutileza, quiere ser imperialista a la antigua usanza: anexionándose territorios.

Muchos dicen que no hay que hacer mucho caso a estas ocurrencias de Trump, que muchas de las cosas que dice no se hacen o se hacen para luego deshacerlas. Es verdad. Pero pensando de esta manera corremos el riesgo de creer que siempre va a ser así. Podemos acostumbrarnos a escuchar sus barbaridades sin darle importancia y levantarnos un día descubriendo que su ejército se ha puesto en marcha.

Pero bueno: mientras no venga a por nosotros…

lunes, 3 de febrero de 2025

Yo mal, pero tú peor

El filósofo Slavoj Žižek cuenta la siguiente anécdota sobre un campesino esloveno: “una bruja bondadosa le da a elegir entre entregarle a él una vaca y dos a su vecino, o llevarse una de sus vacas y dos de su vecino. El campesino inmediatamente elige la segunda opción” (1).

Quizá los aranceles de Trump, tan contrarios a la propia ortodoxia capitalista, tengan que ver con la mentalidad del campesino esloveno. Quizá prefiera que pierda todo el mundo pensando que ellos (sean quienes sean ellos) van a perder menos.

Es lo único que se me ocurre para explicar tanta estupidez.  

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(1) 
Slavoj Žižek, Sobre la violencia, Barcelona, Paidós, 2009, p.110.